Thelma (2018)

Un año después de su primera película en inglés, Louder than bombs,  Joachim Trier regresa a la pantalla con Thelma (2018), un drama psicológico en el que el director escandinavo vuelve a rodar en noruego.  La película aborda la historia de Thelma (Eili Harboe), una adolescente tímida e introvertida que empieza a estudiar en una universidad en Oslo. Sus padres, dos personas estrictamente religiosas, mantienen un riguroso control sobre ella a través de toda clase de normas y reglas cimentadas en la culpa religiosa y el miedo a lo desconocido. No obstante, el  rígido universo de la adolescente parece desmoronarse cuando conoce Anja (Kaya Wilkins), momento en el que comienzan sus ataques de epilepsia y experiencias sobrenaturales.

El padre se presenta como la principal fuerza de control y opresión sobre Thelma, prácticamente como respuesta  a la propia represión que él mismo padece fruto de una masculinidad terriblemente tóxica. Este riguroso control genera en la protagonista una dependencia enfermiza hacia sus padres y, al mismo tiempo, un profundo rechazo hacia cualquier forma de poder.

Partiendo de la represión como tema central de la película, el director danés aborda cuestiones tan vinculadas a ella como son los efectos nocivos de una masculinidad tóxica, o la culpa asociada al deseo sexual femenino.  Para hacerlo,  Trier utiliza elementos fantásticos que le permiten manifestar la psicología de la adolescente,  ayudándose de lo sobrenatural para exteriorizar aquello que habita en lo más profundo de la protagonista. De esta forma, cada vez que Thelma se acerca a su emancipación personal,  se produce una crisis en su cuerpo y también en su psique que, a través de lo fantástico, tiene consecuencias reales en el plano físico.

La pérdida de la inocencia es un tema recurrente en el cine que funciona como un gran método para explorar las emociones humanas y mostrar cómo se forma la identidad.  En Thelma asistimos al abandono de la inocencia por parte de una niña sin tener la certeza de si aquello es producto de sus circunstancias o, de lo contrario, procede de una fuerza maligna que en habita ella. Algo muy parecido sucede en ¿Quién puede matar a un niño?, de Narciso Ibáñez-Serrador, en la que no se responde al origen de la corrupción absoluta de los niños, pudiendo ser bien fruto de los pecados de los adultos, o bien como consecuencia de la pura maldad que permanecía dormida en ellos, y que simplemente ha sido liberada.

Es muy habitual representar al villano como a aquel que ostenta el poder sobrenatural, y como un héroe al encargado de combatirlo. En el caso de Thelma no se produce esa clara diferenciación  sino que ambos roles convergen en la adolescente, convirtiéndola en la heroína y la villana; la víctima y perpetradora.  Esta ambigüedad le concede a Thelma una profundidad muchas veces denegada a personajes femeninos en el cine de género, que tampoco cede al estereotipo de mujer histérica. Aunque eso podría facilmente ser su destino, tanto de ella y muchas otras mujeres en el cine tanto en la realidad que han sido mal representados y encajadas como ‘locas’ o ‘histéricas’. Freud  ha reforzado la aceptación de la mujer histérica, que llegó a establecerse en el mundo científico y médico, como enfermedad femenina.

Películas como Elle (2016) o Raw (2017), y ahora Thelma, están logrando romper la tradición patriarcal de mostrar a las mujeres como víctimas o histéricas, construyendo personajes femeninos mucho más complejos en los que las líneas que separan la cordura de la locura, o la víctima del verdugo,  son cada vez más difusas.

 

Samantha Dunn

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Un comentario sobre “Thelma (2018)

  1. Hola, Samantha:

    Has hecho una crítica extraordinaria, en la que recuperas ese control del lenguaje que ya te señalé en tu primera crítica. Me gusta mucho cómo contextualzias este trabajo en la tradición de los personajes femeninos del fantástico y cómo detectas una cierta tendencia de cuestionamiento de roles en diversas películas recientes.

    Un gran texto, sin duda, y un análisis muy enriquecedor,

    un abrazo,

    jordi

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